Una casa con memoria
Antes de recorrer sus habitaciones, sus salones o sus jardines, Palacio La Gloria tiene una historia que contar.
La arquitectura, el escudo familiar y la relación entre la casa y la finca conservan las huellas de una manera de construir y de habitar que pertenece a otro tiempo y sigue presente en el edificio.


Iniciada su construcción en 1897, su remodelación fue culminada por el arquitecto Elías Ortiz de la Torre.
Este palacio neotradicional representa la elegancia serena de las grandes residencias de la época. Sus muros, sus proporciones y cada uno de sus espacios reflejan una manera de entender la arquitectura en la que belleza y funcionalidad convivían en equilibrio.
En la fachada se encuentra el escudo de la familia Ortiz de la Torre, timbrado por un yelmo con lambrequines y campo cuartelado. En el interior del mismo pórtico se conserva una escultura de la Virgen del Carmen.
En la arquitectura del Palacio aparecen elementos característicos de la tradición montañesa, como las solanas, los aleros y los balcones, que mantienen una relación constante entre el edificio y el paisaje que lo rodea.
Jardines
Cerca de 6.000 m² rodean Palacio La Gloria.
Cedros del Tíbet, tilos, ginkgos, tejos, magnolios, arces japoneses, frutales y amplias praderas forman un jardín que no funciona únicamente como fondo de la casa: es otra parte de ella.
Hay zonas de arbolado, caminos, piedra, praderas y lugares desde los que mirar el Palacio desde perspectivas distintas.

El jardín acompaña la estancia desde primera hora de la mañana hasta que vuelve a encenderse la luz dentro de la casa.

